¡Viva Zapata! La campaña admirable de un corredor de fondo
Entre las muchas sorpresas que nos ha deparado Manuel Rosales, no es la menos importante haber desarrollado una táctica y una estrategia absolutamente indescifrable por su contrincante Hugo Chávez, el sabelotodo de la partida. Yace derrumbado, con un gran interrogante entre las manos. ¿Por qué no supo cómo enfrentar a un corredor de fondo que minimizó hasta el escarnio, para ser literalmente vapuleado en estos tres meses en que Rosales nos demostró una fortaleza física, un temple y una voluntad dignos de un gladiador?
El 3-d: Nada será como antes
La grandeza de un político no se mide en las victorias, sino en las derrotas. También y sobre todo si el político es un militar. Ya decía Pablo Morillo, el gran militar español que junto a Sucre representó las cumbres del arte de la guerra durante nuestra conflagración independentista, que Bolívar era más temible derrotado que victorioso. Fue en esos momentos en que la adversidad se cebó en sus fracasos que salió a la superficie la grandeza de su genio. De él como de muy pocos políticos venezolanos se puede afirmar que dominaba como nadie esa particular parcela del arte de la política, que consiste en luchar contra la adversidad.
Nos habíamos habituado a jugar el rol de los perdedores en el conflicto político venezolano. Creyendo que por las buenas o por las malas, Chávez terminaría triunfando en todas sus batallas, aún en aquellas que perdiera de manera ominosa, como la de Miraflores y La Casona la madrugada del 4 de febrero de 1992. O la del 11 de abril, cuando sacado de Miraflores por una marea humana se vio en la obligación de pedirle auxilio a Baltasar Porras y a monseñor Velasco para que le salvaran una vida que nadie había puesto en peligro. Pero si bien es lógico esperar que pueda vencer una vez más este próximo 3 de diciembre – por las buenas, que por las malas sufriría la más pírrica de sus victorias y el seguro sendero a su inmediata perdición – también lo es, sobre todo a estas alturas, que pierda y de manera contundente. Y que deba asumir, por lo pronto, el liderazgo de la oposición. Un papel absolutamente inédito en su trayectoria. Que también requiere aprendizaje, si se trata de una oposición democrática. Y sobre todo de grandeza. ¿Está en capacidad? Sólo el tiempo lo dirá. No es malo que desde ya se vaya haciendo a la idea, so peligro de desaparecer del escenario político venezolano.
La campaña admirable
Vivimos momentos históricos. Ya nada, absolutamente nada será como antes. Hugo Chávez encontró por fin el adversario a su medida
Alcanza ribetes milagrosos lo logrado en esta breve, fragorosa y extenuante campaña electoral de poco más de dos meses realizada por el gobernador zuliano y candidato unitario a la presidencia de la república Manuel Rosales. Es sin duda, y sin ningún desmerecimiento, una auténtica campaña admirable.
En una ofrenda de emoción, de entrega física, política y espiritual sin precedentes en la historia de las campañas electorales. Manuel Rosales ha logrado el milagro de unir a la oposición, despertar de la apatía a un pueblo desesperanzado y ponerlo en pie de lucha tras su paso de vencedores.
¿Qué pasa con Chávez?
Como que el hombre se derrumba. No aceptó el reto del debate, tampoco el de la Valle Coche. Va palo abajo. A ver si se entera Pedro Carreño.
Anoche un periodista de Unión Radio entrevistaba a Pedro Carreño, capitoste del comando de campaña de Hugo Chávez. Todo fue muy bien mientras se le permitió hablar de lo humano y de lo divino, siempre en las más deletéreas alturas, sin el menor aterrizaje en lo concreto. Pero bastó que el periodista le preguntara por el acto de cierre, para que Carreño se volviera un ocho, remitiera a la eternidad de los mosquitos y buscara encontrarle respuesta a la interrogante que nos plantean nuestros niños cuando al mandarlos a acostar preguntan: ¿adónde se va la luz cuando se apaga?
Así suene extravagante, insólito y digno del libro Guiness: Pedro Carreño no sabía anoche, miércoles 22 de noviembre, dónde será el acto de cierre de la campaña de Hugo Chávez en Caracas, que aseguró sería el próximo domingo. Ante la insistencia del periodista, volvió a reflexionar sobre lo humano y lo divino, Marx, Engels y Lenin, la Unión Soviética y la espada de Bolívar, pero no supo encontrar una sola, una mísera, una sencilla respuesta.
Chávez en el bunker
Ya se acumulan demasiados indicios como para pensar que Manuel Rosales podría triunfar el 3 de diciembre por un amplio margen. Por un margen sorpresivo e inesperado que ni las más halagüeñas de las encuestas se ha atrevido a pronosticar. Basta abrir los sentidos al pálpito callejero, abrir los oídos al sonido y la furia que bulle en el fondo de nuestro pueblo y dejar que sea el corazón quien observe por nosotros. El país no vivía una sensación de encontrarse ante una conmoción política de grandes proporciones con trascendentales consecuencias para el futuro desde hace muchísimo tiempo. Por lo menos, desde las elecciones de 1998. No sólo ni principalmente las encuestas, objetivamente incapaces de fotografiar este panorama de extremos prebélicos, sino el sentimiento que circula por calles, barriadas y urbanizaciones de toda Venezuela.
En cuanto a las encuestas y los encuestadores: podrían estar ante una verdadera debacle, como lo demostraran en su momento otros casos semejantes, como el de Nicaragua en 1990, cuando se enfrentara un todopoderoso Daniel Ortega dueño y señor del ejército, las instituciones del Estado bajo las banderas de la revolución sandinista, contra una modesta dueña de casa, la viuda del propietario de La Prensa, de Managua, Pedro Chamorro, asesinado por la dictadura: la Sra. Violeta de Chamorro.
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Antonio Sánchez García
Antonio Sánchez García estudió historia y filosofía en la Universidad de Chile y en la Universidad Libre, de Berlín Occidental. Ha sido académico (historia medieval y moderna, filosofía contemporánea, introducción a las ciencias sociales) en la Universidad de Chile, investigador en el Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO) de la Universidad de Chile, profesor investigador del Instituto Max Planck, Starnberg, Alemania, catedrático en la maestría de filosofía en la Universidad Central de Venezuela.
Ha sido columnista de los periódicos Notitarde, de Valencia y de El Mundo, TalCual y El Nuevo País, de Caracas. Es colaborador de la revista ZETA y del Papel Literario, de El Nacional.
Autor de libros y ensayos, como Cultura y Revolución, Dictadura o Democracia, Venezuela en la encrucijada, actualmente prepara la edición de sus dos últimos libros: El Fin de la Utopía y La aventurada y tormentosa vida del presbíero chileno José Joaquin Cortés de Madariaga.